Uno de los vicios más recurrentes de los periodistas en particular, y de la gente en general es, buscar sucesores. El último rey del deporte argentino había sido Diego Armando Maradona. El llevó a la Selección a lo más alto del fútbol mundial. Argentina se hizo hincha del Napoli, y él guió a ese equipo hasta el campeonato de una liga de elite como la italiana. Pero Maradona se retiró en 1997 y Argentina se quedó sin rey. La búsqueda de sucesores fue continua: Ortega, Aimar, Riquelme, Tevez, y el que más se le acerca, Messi. Sin embargo, ninguno de ellos logró coronarse “sucesor”. Quién sí lo logró fue alguien que no puede bajarla de pecho, que tiene prohibido darle con el empeine, de cara interna o tres dedos. Si hace cuatro goles por partido, es muy poco. Y si la toca con la mano, jamás desataría un escándalo como “La Mano de Dios”. El sucesor de Maradona es Emanuel Ginóbili. 
Párrafo nuevo. Si los futboleros y maradoneanos ya dejaron de insultarme pueden seguir leyendo. En la década del ’50 fue Juan Manuel Fangio y sus 5 títulos mundiales de Fórmula 1. En los ’70, Monzón invencible sobre el ring y Vilas ganando Grand Slams. En los ’80 y hasta la “amputación” de sus piernas, fue Maradona. Todos ellos fueron Nº 1 en sus especialidades. Pusieron la bandera argentina en lo más alto del deporte mundial. Hoy esa bandera la iza Ginóbili.
Su última hazaña fueron los 46 puntos anotados frente a Cleveland el jueves pasado. Pero empezó mucho antes. Destacado en Europa, pasaba desapercibido, pues ser el mejor jugador de la Euroliga de básquet siempre será opacado por un gol en el Calcio italiano, la Liga española o la Premier League inglesa. Saltó a la consideración del común de la gente cuando lideró a la Selección en la primera victoria de cualquier equipo ante el Dream Team de Estados Unidos en el Mundial del 2002. Y desde ese momento no paró: subcampeón del mundo en ese torneo (porque los árbitros le robaron la final a la Argentina), campeón de la NBA 2003, 2005 y 2007 y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2004. Excepto en su primer título en la elite estadounidense, siendo líder de los equipos que integró. Mostrando con la camiseta argentina una garra, entrega y temperamento que no se vio en ningún futbolista después de Maradona. Y hoy todos hinchamos por San Antonio Spurs, aunque la mayoría no entienda de cortinas, rebotes y asistencias. Por eso digo que es el sucesor de Diego. Es el único deportista argentino que está en la elite mundial hace ya 6 años mostrando siempre un gran nivel en lo suyo. Por eso es el rey. El que tomó la posta de Maradona.
¿Qué Diego nunca renunció a la Selección, jugó lesionado, dejó la vida con la albiceleste y Ginóbili prefirió no jugar la clasificación para defender la medalla dorada en los próximos Juegos Olímpicos? Sí, es verdad. Tan verdad como que con el descanso que tomó Ginóbili está realizando su mejor temporada en la NBA y consagrándose como una estrella. Tan verdad como que si los compañeros a quienes siempre apoyó no tenían éxito en el Preolímpico, él se pondría el equipo al hombro en el repechaje final para ir a Beijing este año. Tan verdad como que con una irresponsabilidad suya, o de su preparador físico personal que le dio un complejo vitamínico con efedrina, Maradona hirió de muerte a una Selección destinada a ser campeona del mundo en el Mundial 1994. Diego no renunció, pero también debilitó a la Selección. Quien esté libre de pecados, que tire la primera piedra.

Párrafo nuevo. Si los futboleros y maradoneanos ya dejaron de insultarme pueden seguir leyendo. En la década del ’50 fue Juan Manuel Fangio y sus 5 títulos mundiales de Fórmula 1. En los ’70, Monzón invencible sobre el ring y Vilas ganando Grand Slams. En los ’80 y hasta la “amputación” de sus piernas, fue Maradona. Todos ellos fueron Nº 1 en sus especialidades. Pusieron la bandera argentina en lo más alto del deporte mundial. Hoy esa bandera la iza Ginóbili.
Su última hazaña fueron los 46 puntos anotados frente a Cleveland el jueves pasado. Pero empezó mucho antes. Destacado en Europa, pasaba desapercibido, pues ser el mejor jugador de la Euroliga de básquet siempre será opacado por un gol en el Calcio italiano, la Liga española o la Premier League inglesa. Saltó a la consideración del común de la gente cuando lideró a la Selección en la primera victoria de cualquier equipo ante el Dream Team de Estados Unidos en el Mundial del 2002. Y desde ese momento no paró: subcampeón del mundo en ese torneo (porque los árbitros le robaron la final a la Argentina), campeón de la NBA 2003, 2005 y 2007 y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2004. Excepto en su primer título en la elite estadounidense, siendo líder de los equipos que integró. Mostrando con la camiseta argentina una garra, entrega y temperamento que no se vio en ningún futbolista después de Maradona. Y hoy todos hinchamos por San Antonio Spurs, aunque la mayoría no entienda de cortinas, rebotes y asistencias. Por eso digo que es el sucesor de Diego. Es el único deportista argentino que está en la elite mundial hace ya 6 años mostrando siempre un gran nivel en lo suyo. Por eso es el rey. El que tomó la posta de Maradona.

¿Qué Diego nunca renunció a la Selección, jugó lesionado, dejó la vida con la albiceleste y Ginóbili prefirió no jugar la clasificación para defender la medalla dorada en los próximos Juegos Olímpicos? Sí, es verdad. Tan verdad como que con el descanso que tomó Ginóbili está realizando su mejor temporada en la NBA y consagrándose como una estrella. Tan verdad como que si los compañeros a quienes siempre apoyó no tenían éxito en el Preolímpico, él se pondría el equipo al hombro en el repechaje final para ir a Beijing este año. Tan verdad como que con una irresponsabilidad suya, o de su preparador físico personal que le dio un complejo vitamínico con efedrina, Maradona hirió de muerte a una Selección destinada a ser campeona del mundo en el Mundial 1994. Diego no renunció, pero también debilitó a la Selección. Quien esté libre de pecados, que tire la primera piedra.


